Tragedia en los Andes Venezolanos: Desatención y Consecuencias
La reciente tragedia en los Andes venezolanos ha dejado un saldo devastador, con cientos de viviendas destruidas y comunidades enteras afectadas. A pesar de la gravedad de la situación, Diosdado Cabello, actual ministro de Interior y máximo responsable de políticas de prevención de desastres, no ha hecho acto de presencia en la zona afectada. En medio de este contexto crítico, Cabello eligió continuar con su programa de televisión “Con el Mazo Dando”, celebrando con música y sarcasmo, lo cual ha generado indignación entre los ciudadanos que claman por ayuda.
El impacto de las lluvias, intensificadas por la llegada de la onda tropical número 11, ha dejado incomunicadas varias zonas en los estados Mérida y Trujillo. La situación es alarmante; mientras en la capital se celebran eventos y reconocimientos, en el terreno las familias sufren la pérdida de sus hogares. A medida que la lluvia continua, la posibilidad de que las condiciones empeoren es alta, y los esfuerzos de rescate se ven obstaculizados por el mal tiempo.
El estado Mérida ha recibido recientes noticias sobre la recuperación del servicio eléctrico en algunas de sus comunidades; sin embargo, Tabay sigue a oscuras, un reflejo de las dificultades que enfrentan los habitantes en medio de la crisis. La Corporación Eléctrica Nacional (CORPOELEC) ha anunciado que han restablecido el 100% del servicio en varios municipios, pero la realidad es que muchas familias aún no cuentan con electricidad.
La ayuda humanitaria ha llegado de manera limitada. Un helicóptero estatal fue utilizado para llevar alimentos, medicamentos y equipos para reestablecer las telecomunicaciones en Mucuchíes. No obstante, la magnitud del desastre establece un reto monumental para las autoridades, que siguen sin brindar la atención necesaria. Con más de 370 viviendas afectadas, y 105 en pérdida total, los ciudadanos exigen una respuesta eficaz de los gobernantes que parecen más ocupados en celebraciones que en la realidad que viven sus compatriotas.
El papel del Ministro de Interior, que cuenta con uno de los presupuestos más altos del gobierno, es cuestionado. A pesar de sus responsabilidades en la protección y promoción de los derechos humanos y la gestión de desastres, su ausencia en las áreas afectadas resalta la falta de compromiso por resolver las necesidades urgentes de la población. La promesa de construir infraestructura para garantizar la seguridad y convivencia parece quedar en el olvido durante situaciones graves como esta.
Como sociedad, es indispensable que se priorice la atención a las comunidades afectadas y que las autoridades cumplan con sus deberes esenciales. La tragedia en los Andes venezolanos no es solo una calamidad natural; es un reflejo de la urgencia de un cambio en la gestión política y de desastres en el país, donde la vida de muchas personas está en juego. La comunidad necesita ayuda inmediata y no solo palabras, y la responsabilidad recae en quienes tienen el poder de actuar.